A mi no me busques
sábado, 14 de diciembre de 2013
Diciembre: Tiempo de deseos
me pregunto si ese deceo será tan verdadero como un deseo,
será que la correcta escritura lleva consigo la verdad (o por lo menos la pretende).
Llevará ese "mal deseo" una carga emotiva, un sentimiento autentico y profundo
o será pura falsedad y compromiso como un "buen deseo".
Quisás nada de esto importa berdaderamente...
jueves, 31 de enero de 2013
Te parece que podrías pasarte la vida frente a un árbol, sin agotarlo, sin comprenderlo, solamente mirando: lo único que puedes decir de este árbol, después de todo, es que es un árbol; lo único que este árbol te puede decir es que es un árbol, raíz, tronco, ramas y hojas. No puedes esperar de él ninguna otra verdad. El árbol no tiene una moral que proponerte, no tiene un mensaje que transmitirte. Su fuerza, su majestuosidad, su vida -si acaso esperas aún sacar algún sentido, algún coraje, de estas antiguas metáforas- no son más que imágenes, buenas vistas, tan vanos como la paz de los campos, como la perfidia del agua estancada, o el valor de los pequeños senderos que trepan, no muy alto pero ellos solos, o la sonrisa de los viñedos donde los racimos de uvas maduran al sol.
Por eso el árbol te fascina, o te sorprende, o te tranquiliza, a causa de esa evidencia insospechada, insospechable, de la corteza y las ramas, de las hojas. Por eso, quizá, jamás paseas con un perro, porque el perro te mira, te suplica, te habla. Sus ojos húmedos de agradecimiento, su aire de perro apaleado, sus brincos de perro feliz, te obligan constantemente a conferirle el despreciable rango de animal doméstico. No puedes permanecer neutro frente a un perro, tampoco frente a un hombre. Pero no dialogarás jamás con un árbol. No puedes vivir con un perro, porque el perro, a cada instante, te pedirá que lo hagas vivir, que lo alimentes, que lo acaricies, que seas hombre para él, que seas su dueño, que seas el dios que clama con voz de trueno ese nombre de perro que lo hará arrastrarse inmediatamente por el suelo. Pero el árbol no te pide nada. Puedes ser Dios de los perros, Dios de los gatos, Dios de los pobres, te basta con una correa, con algunos despojos, con algo de riqueza, pero no serás nunca dueño del árbol. Nunca podrás sino desear volverte árbol a tu vez.
Georges Perec.
martes, 4 de septiembre de 2012
miércoles, 20 de junio de 2012
Ciclo viento cambalache
lunes, 13 de febrero de 2012
Perfecta
Era un día de playa como cualquier otro. Un típico día marplatense que no parecía tener nada de excepcional, creo que fue en un cambio de quincena porque no había tanta gente, los que estaban se notaba que no eran turistas.
Entonces estábamos todos. Todos los amigos en una ronda llena de mochilas, bicicletas, lonas y equipos de mate.
El sol perfecto, brisa del norte, mar sereno. Todo tranquilo.
En una de mis incursiones al mar, que era ir darme un chapuzón y salir, no se por qué me quede un rato mas, ahí bollando viste, agachado con el agua hasta el cuello, disfrutando de mover las manos…viste cuando agitás las manos y abrís los dedos y sentís la resistencia del agua, como que se forman pequeñas corrientes entre los dedos. Bueno, así estaba.
En una de esas me doy vuelta y ahí estaba ella hermosa como siempre, no lo podía creer estaba ahí a un par de pasos nomás, con el agua hasta la cintura, mirándome con una sonrisa.
No se por qué, pero para mi el tiempo se detuvo, que sorpresa, desee con todo mi ser que ese momento no pasara, quise el presente sea mas que la línea que separa lo que pasó y fue de lo que viene y todavía no es. Quería un instante eterno, perfecto. La quería a ella así, sonriendo, con sus cabellos húmedos que se enredan en lindas y azarosas hebras castañas, con sus ojos que brillan verdes, con su piel tersa tan sueva que mis ojos resbalan por ella, y así me caigo por su cuello, por sus hombros, sus pechos, bajo veloz por su abdomen, me estanco en tu ombligo y me quedo ahí un ratito, después me voy por uno de tus costados y subo despacio por tu cadera y trepo por los escalones de tus costillas. Vencido llego a tu axila y el aliento de mi agitación te da cosquillas, te imagino estallando en espasmos de risa. Caigo en la cuenta de que te describo por partes, que las palabras, incluso tu nombre alcanza para describir el todo que sos. Y otra vez el deseo, el deseo de recorrerte, aprenderte y conocerte entera, todo muy despacio. Quiero saber quien sos. Entonces te veo parada y en este instante sos el centro del universo, todo gira a tu alrededor y estoy tan cerca, poco me importa el agua templada, las brisa tibia, el aire que me sabe a sal, la corriente entre los dedos, el cielo celeste. Me olvido de nuestros amigos en la orilla, de mis padres en casa y su incesante “Tenés que ser alguien en la vida”, de la obligación del trabajo. Me olvido de donde estoy parado, de la arena, la espuma, dejo de notar la estupida constancia de las olas que vienen y van. Me olvido de mi infancia, de los juegos y los juguetes, de las tardes de chocolatada y vainillas. Me olvido de cómo aprendí a cruzar las avenidas, primero corriendo desesperado y después tranquilo y pausado, de mis días en el secundario y la fiesta de egresados y el “que no se corte”. Me olvido del primer beso y la primera vez. Me olvido de mi y me doy cuenta que estoy feliz, que soy feliz, que por fin entiendo que la felicidad es eso, ese segundo minuto instante en que te das cuenta que tu vida está llena de historias y también de problemas pero que ya no importa, que lo dejas de ver todo. Y todo deja de ser todo y solo es esto, solo sos vos. Entiendo que es por eso que no quiero que pase, se que este momento es tan frágil que tengo miedo de perderlo, miedo a que esta realidad se quiebre y caiga en pedazos, por eso quiero atesorarte tanto.
Y así estoy agachado con el agua hasta el cuello y vos a unos pasos con el agua hasta la cintura, mirándome y sonriendo, veo que tu boca se mueve y que decís algo pero no te escucho y…
“Hey boludo, te colgaste, dale veni que te presento a mi novio…”
“Ahora voy” te das vuelta y volves a la orilla, pero también te vas lejos. Trago en seco y miro el mar.
Veo en la línea del horizonte un buque fábrica, con su casco rojo oxidado, las gaviotas que lo rondan, las veo lanzarse en picada al agua y se que los marineros están tirando al mar cajones y cajones repletos de cabezas y entrañas de pescado. Siento el hedor. Me vuelvo y poco a poco voy saliendo del agua, cerca mio una señora sostiene a una nena que por su gesto parece estar meando o cagando, no se, lo mismo da. Llego a la orilla y en la arena húmeda con los caracoles hay tapas de gaseosa y cerveza y también están los huevos de los peces rotos, podridos. Camino por la arena con cierta inquietud, sintiendo que puedo pisar algún vidrio de alguna botella rota, pero por suerte solo piso inofensivos filtros de cigarrillo, pedazos de bolsa y yerba seca. Tengo que esquivar los cadáveres en la arena, los cuerpos de fanáticos del bronceado que se dejan descomponer al sol, embadurnados en aceites y lociones de extracto de zanahoria, coco y no se que otras mierdas. Siento los gritos de los vendedores ambulantes, de esos que venden churros y cubanitos, fijo mis ojos en uno de ellos, lo veo venir vestido de blanco, transpirado, en una mano y tapándose el sol lleva una tabla de madera y atados con finos retazos de goma de auto están los cubanitos expuestos a los treinta y cinco grados y a la brisa salada y arenosa, qué manjar. Las cabezas se alzan, los ojos se posan en el cielo, claro,es que pasa una avioneta razante con sus promociones pelotudas. Mientras esquivo y trato de encontrar el camino para llegar a mis amigos miro las sombrillas de colores y me acuerdo de esas fotos que salen en los diarios, viste esas que están debajo de esos títulos en negrita como “Estalló el verano” y boludeces así. Entonces me imagino a la gente leyendo el titulo y viendo la foto y me pregunto si se darán cuenta de que el mar está podrido y meado o cagado, no se, lo mismo da, que la arena en realidad es un cementerio y un basural a la vez y si entre todas las sombrillas y la gente hacinada como hormigas me ven a mi, al boludo que va caminando y que cree en la felicidad y los instantes eternos, perfectos.
jueves, 2 de febrero de 2012
Poema mala onda
El sol ilumina el lugar
La luz dibuja un as en el aire que parece cortar
Todo transluce
Hay silencio
Y polvo en el aire.
Te veo
no te creo y me doy cuenta que vos tampoco te crees
que mal mentís
tus buenas vibras
tu alegría tan sobreactuada
me anuda la garganta y me revuelve el estómago
llega la nausea.
El vomito sube pero el nudo la frena
Entonces Sube y baja
Sube y baja
Te disfrazas de luz, te descompones en color
pero sos un payaso triste
y te agradezco,
esa acidez que me corroe me inspira
Y el polvo en el aire
Que no es polvo
es diminuto
es descomposición
la piel muerta de todos
Mi piel muerta.
No me tragas pero me respiras
Se que ahora que lees/leo esto me odias mas
Imagino tus gestos
¿También sobreactuas tu incomodidad, tus reacciones de molestia?
rio por dentro
y la nausea…ya no es tan mala.
martes, 27 de diciembre de 2011
Sombras
_“Che que silenciosa es tu casa…” me dijo Cintia mientras se ataba el pelo.
_ “Solo de noche; me gusta así…para estar mas atento” le respondí pelando una papas para el puré.
_” ¿Atento a qué? Paranoico, esta bien que está jodida la cosa ¿pero vas a dejar de escuchar música o mirar la tele por los chorros? Vivís en un PH boludo, es medio difícil que entren acá”
_”Si, ya se, pero no es eso…nunca te pasa de estar haciendo algo, cualquier cosa. Como ahora que estoy haciendo la comida; cuando estoy solo lo siento o los siento, no se. Como que hay algo detrás mío, a veces los siento mas cerca o mas lejos mirando, entonces me doy vuelta rápido y algunas veces noto que se escabulle ese algo por las sombras o cruza la puerta rápido ¿me vas a decir que nunca te paso?
_”Ay boludo no me digas eso, sabés que vivo sola. Basta, deja de reírte, no se si estás quemado o lo decís en serio”.
_”En serio te digo. Quién te dice…capaz cuando vuelvas a tu casa los sentís haciendo ruido en el pasillo, subiendo las escaleras o corriéndote las sillas de lugar”.
_”Sos un boludo…”
Cenamos, hablamos de la facu y de los amigos.
Esa fue la última vez que estuve con Cintia, algo extraño pasó en la semana.
Su familia se preocupó por ella, ya que no atendía el teléfono ni contestaba los mensajes. Fueron hasta la casa, la madre intento abrir la puerta con sus llaves, pero las llaves de Cintia trababan la cerradura. Terminaron forzando la puerta, entraron corriendo. “Capaz se resbalo en la ducha” dijo su padre, pero el baño estaba vacío, al igual que su dormitorio. Revisaron las ventanas, gesto inútil, estaban enrejadas. Lo único que encontraron fue una pava en la hornalla, ya sin agua, negra por el continuo calor. Extrañados no sabían como reaccionar, denunciaron la desaparición a la policía y no tardaron en venir a mi casa.
Me llevaron detenido mientras peritos revisaban todo; encontraron uno de sus cabellos rubios en algun lugar de la cocina, eso fue suficiente para culparme. En los interrogatorios me preguntaban que le había hecho, si la había violado, como la había matado; me preguntaban por su cuerpo, si la descuartice, si era por un rito satánico, si la había comido o si simplemente la había enterrado a la vera de algún camino rural.
Pase mucho tiempo entre tribunales y penitenciarias; me dejaron libre, a pesar de la negativa de la familia que hacía marchas y reclamos de todo tipo para que no me suelten, pero no me encontraron nada, no había pruebas suficientes para culparme. Con el tiempo me dejaron tranquilo.
Ya hace dos años de eso, siempre me acuerdo de Cintia, mas de noche cuando estoy solo y en silencio, siento una presencia a mis espaldas, giro rápidamente y solo alcanzo a ver una cabellera rubia perderse entre las sombras.
