martes, 27 de diciembre de 2011

Sombras

_“Che que silenciosa es tu casa…” me dijo Cintia mientras se ataba el pelo.

_ “Solo de noche; me gusta así…para estar mas atento” le respondí pelando una papas para el puré.

_” ¿Atento a qué? Paranoico, esta bien que está jodida la cosa ¿pero vas a dejar de escuchar música o mirar la tele por los chorros? Vivís en un PH boludo, es medio difícil que entren acá”

_”Si, ya se, pero no es eso…nunca te pasa de estar haciendo algo, cualquier cosa. Como ahora que estoy haciendo la comida; cuando estoy solo lo siento o los siento, no se. Como que hay algo detrás mío, a veces los siento mas cerca o mas lejos mirando, entonces me doy vuelta rápido y algunas veces noto que se escabulle ese algo por las sombras o cruza la puerta rápido ¿me vas a decir que nunca te paso?

_”Ay boludo no me digas eso, sabés que vivo sola. Basta, deja de reírte, no se si estás quemado o lo decís en serio”.

_”En serio te digo. Quién te dice…capaz cuando vuelvas a tu casa los sentís haciendo ruido en el pasillo, subiendo las escaleras o corriéndote las sillas de lugar”.

_”Sos un boludo…”

Cenamos, hablamos de la facu y de los amigos.

Esa fue la última vez que estuve con Cintia, algo extraño pasó en la semana.

Su familia se preocupó por ella, ya que no atendía el teléfono ni contestaba los mensajes. Fueron hasta la casa, la madre intento abrir la puerta con sus llaves, pero las llaves de Cintia trababan la cerradura. Terminaron forzando la puerta, entraron corriendo. “Capaz se resbalo en la ducha” dijo su padre, pero el baño estaba vacío, al igual que su dormitorio. Revisaron las ventanas, gesto inútil, estaban enrejadas. Lo único que encontraron fue una pava en la hornalla, ya sin agua, negra por el continuo calor. Extrañados no sabían como reaccionar, denunciaron la desaparición a la policía y no tardaron en venir a mi casa.

Me llevaron detenido mientras peritos revisaban todo; encontraron uno de sus cabellos rubios en algun lugar de la cocina, eso fue suficiente para culparme. En los interrogatorios me preguntaban que le había hecho, si la había violado, como la había matado; me preguntaban por su cuerpo, si la descuartice, si era por un rito satánico, si la había comido o si simplemente la había enterrado a la vera de algún camino rural.

Pase mucho tiempo entre tribunales y penitenciarias; me dejaron libre, a pesar de la negativa de la familia que hacía marchas y reclamos de todo tipo para que no me suelten, pero no me encontraron nada, no había pruebas suficientes para culparme. Con el tiempo me dejaron tranquilo.

Ya hace dos años de eso, siempre me acuerdo de Cintia, mas de noche cuando estoy solo y en silencio, siento una presencia a mis espaldas, giro rápidamente y solo alcanzo a ver una cabellera rubia perderse entre las sombras.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Mandala


Hacía dos horas que estaba sentado en la cama alterado, no pudo volver a dormirse después de levantarse a buscar un vaso con agua. En el trayecto de la habitación a la cocina miró con atención los colores y formas que de entre las sombras se dejaban ver, lo irritaban incluso de noche.

Sentía que había perdido su lugar, cruzar la puerta de entrada del departamento era ingresar a un mundo ajeno, impregnado con matices, formas y fragancias extrañas. Ya no quedaba nada de el en ese lugar.

Pensaba y recordaba, miraba a su compañera dormir a su lado, sentía su tibieza, contemplaba con mucha atención los momentos en que las sábanas subían y bajaban con cada inspiración y espiración. Ella todavía tenía el pelo algo húmedo, solía bañarse antes de dormir y el gustaba de sentir el aroma del shampoo en la almohada. Pero hacía varios meses que ya no disfrutaba de su presencia como antes.

Se conocieron hace mucho tiempo, el tenia dieciséis años y ella catorce la primera vez que se vieron, tenían un amigo en común y solían cruzarse en algunas salidas y cumpleaños, pero fue en el aniversario número veintiuno de su amigo que se encontraron. En la fiesta cruzaron varias miradas, se gustaron, un impulso los llevó a hablarse y el gusto fue mayor, ese acercamiento derivó en encuentros cada vez más cálidos. Así un mes después ya eran novios.

Al tercer año de noviazgo decidieron ir a vivir juntos, el vivía en un pequeño departamento que había heredado de su abuela, en el mismo ambiente estaba su habitación, su living, su cocina, su oficina y separado un baño aún mas pequeño, donde apenas se podía estar cómodo. Lo vendió, con el dinero de la venta y otro que tenía ahorrado compró un departamento más grande y confortable.

Los primeros tiempos de convivencia fueron muy felices, pasaban largas horas hablando sobre como disponer los muebles, de que color debían pintar las paredes, que tipos de lámparas usar, de si los almohadones combinaban con el futón… en fin, los dos gustaban de lo rústico, así que poco a poco los ambientes fueron tomando tonos añejos y cálidos, todo encajó según sus deseos. Se sentían a gusto de volver y encontrarse después de cumplir con su rutina.

El trabajaba como curador de arte, tenía una modesta galería en el centro y no le iba mal. Ella aún se debatía en terminar su carrera en lenguas modernas, solo le faltaban un par de materias para recibirse pero se sentía cansada, mientras tanto trabajaba dando clases de apoyo en ingles. Por esa falta de decisión fue que comenzó a ir al psicólogo, este le recomendó que probara con otras disciplinas para poder reflotar sus deseos. Fue así como empezó con unos cursos de expresión corporal y de Clown, a este siguió con talleres de canto y poesía. Hasta ese entonces el gustaba mucho de sus ocupaciones.

Pero con el tiempo otras actividades y la influencia de nuevas amistades fueron alterando poco a poco su personalidad, su forma de vestir, de hablar y de pensar cambiaron drásticamente.

Se levantó de la cama, sentía que en su interior se debatía la angustia y la euforia, estaba ahogado, cruzó el living y salio al balcón. Era invierno, se distrajo viendo la luz de uno de los faroles de la calle, pudo notar a contraluz como caía el rocío y como el viento lo llevaba a dibujar fantásticas formas al azar.

El azar…se quedo pensando en eso, dio media vuelta, dio un vistazo al living, vio que donde estaban sus copias de Dalí y Magritte ahora había un gran cuadro del rostro de buda y unas caretas indígenas , vio que su futón beige tenía una nueva funda de colores horriblemente chillones, del techo colgaban llamadores de angeles y atrapasueños.

Recordó una discusión que habían tenido unos días atrás, el le decía que le parecía contradictorio que nunca fuera practicante de ninguna religión, que se hubiese declarado abiertamente atea y que ahora sus días dependiesen del oráculo del calendario maya. Su hartazgo se transformo en decisión.

Era jueves, ella volvió mas temprano de lo habitual, le pareció raro que la puerta estuviera cerrada a tres llaves, solo la trababan así cuando salían de viaje. Entró, estaba todo muy oscuro, sus primeros pasos hicieron eco en todo el departamento. Llegó hasta el interruptor de la luz extrañada, su confusión fue mayor cuando la claridad le devolvió una imagen de desolación.

Faltaban muebles, cortinas, cuadros, encontró cajas en las que vio que estaban sus cosas. Corrió hacia la habitación y el panorama no fue mejor, no estaba la cama. Abrió el placard y solo quedaba su ropa, cayó de rodillas llorando, no entendía nada. Entre sollozos volvió al living, en la mesa halló dos sobres, abrió el primero, en el se detallaba la venta del departamento y que le quedaban tres días para abandonarlo. Angustiada abrió el segundo sobre, sacó una hoja doblada en cuatro, la desplegó, ocupaba todo el ancho de la mesa, estalló en llanto al ver que en ella había dibujado un mandala. Hurgó nuevamente en el sobre tratando de encontrar respuestas, solo había una pequeña tira de papel y una palabra. “Namasté”.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Volutas de humo

Titila, un breve resplandor anaranjado, un leve sonido de combustión apenas perceptible; desprendiendo una delicada voluta de humo, danzando y arremolinándose hasta desaparecer. Eso es lo que ve Lorenzo mientras desobedece el cartel de prohibido fumar.

Balanceándose sobre dos dedos, el cigarrillo; lo acerca nuevamente a sus labios, pita suavemente y otra vez el resplandor. Mira maravillado el pequeño incendio controlado, levanta la vista y se encuentra con unos ojos pardos. Al principio solo ve eso, ojos que le sostienen la mirada, casi desafiante. Poco a poco sus ojos comienzan a componer a ese ser que lo mira; sus parpados, sus cejas, su nariz, sus pómulos, su boca, sus labios, su piel, su pelo, su cuello. Una linda mujer es la que lo mira con aires de reprobación, obviamente por fumar en el vagón.

_”No te enojes che, ya lo apago” le dice Lorenzo mientras abre la ventanilla. Tira el pucho y se toma un segundo viendo el resplandor desaparecer entre los rieles.

Ella le devuelve la sonrisa, respira profundo, se dispone a decir algo y…

Todo el barrio despierta asustado, el estruendo fue ensordecedor. Llegan los policías, las ambulancias, los bomberos, los rescatistas y los corresponsales de noticias.

Encuentran los que antes era un tren, ahora hierro, metal, plástico y carne fundidos, estrujados. Los vagones ardiendo, relanzan al cielo volutas de humo que danzan con el viento hasta desaparecer.